4o. Dom
de cuaresma Ciclo B (Id=227)
Alégrate Jerusalén, y todos los que la aman, reúnanse. Regocíjense con ella todos los que participan de su duelo y quedarán saciados con la abundancia de sus consuelos.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, que has reconciliado contigo a la humanidad entera por medio de
tu Hijo, concede al pueblo cristiano prepararse con fe viva y entrega generosa
a celebrar las fiestas de
Po
Amén.
La ira del Señor desterró a su pueblo; su misericordia lo liberó
Lectura del segundo libro de las
Crónicas
36, 14-16.19-23
En aquellos días, todos los sumos
sacerdotes y el pueblo pecaron sin cesar, practicando las abominaciones
idolátricas de las naciones y contaminando el templo que el Señor se había
consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus antepasados, en su afán de
salvar a su pueblo y a su templo, les envió continuos mensajeros. Pero se
burlaron de ellos, menospreciaron sus palabras, y se mofaron de sus profetas,
colmando así la ira del Señor contra su pueblo, hasta el punto que ya no hubo
remedio.
El templo del Señor fue consumido por las llamas, las murallas fueron
demolidas, los palacios incendiados y todos los objetos preciosos destruidos. Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado
de la espada, los cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta
que se estableció el imperio persa. Así se cumplió la palabra del Señor
pronunciada por Jeremías:
"La tierra descansará asolada durante setenta años hasta que recupere sus
años de descanso sabático".
El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la profecía de
Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, que publicó de
palabra y por escrito por todo su reino este edicto:
"Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos
los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un templo en Jerusalén
de Judá. Los que de entre ustedes pertenezcan a su
pueblo, que regresen, y que el Señor su Dios esté con ellos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial
Sal 136, 1-2.34.5.6
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Adhaéreat lingua mea
fáucibus meis, si non memínero tui.
Junto a los ríos de Babilonia nos
sentábamos a llorar, acordándonos de Sión; en los
sauces de la orilla colgábamos nuestras cítaras.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Adhaéreat lingua mea
fáucibus meis, si non memínero tui.
Los que allí nos deportaron nos pedían
canciones, y nuestros opresores, alegría: "Canten para nosotros una
canción Sión".
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Adhaéreat lingua mea
fáucibus meis, si non memínero tui.
¿Cómo cantar una canción al Señor en
tierra extrajera? Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me seque la mano
derecha.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Adhaéreat lingua mea
fáucibus meis, si non memínero tui.
Que se me pegue la lengua al paladar, si
no me acuerdo de ti, si tú no eres, Jerusalén, mi mayor alegría.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Adhaéreat lingua mea
fáucibus meis, si non memínero tui.
Muertos por los pecados, ustedes han sido salvados por la gracia
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Efesios
2, 4-10
Hermanos: Dios, que es rico en misericordia
y nos tiene un inmenso amor, aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos
volvió a la vida junto con Cristo -¡por pura gracia han sido salvados!-, nos
resucitó y nos sentó junto a Cristo Jesús en el cielo. De este modo quiso
mostrar a los siglos venideros la inmensa riqueza de su gracia, por la bondad
que nos manifiesta en Cristo Jesús.
Por la gracia, en efecto, han sido salvados mediante la fe; y esto no es algo
que venga de ustedes, sino que es un don de Dios; no viene de las obras, para
que nadie pueda enorgullecerse. Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús
para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de
conducta.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación
antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que
crea en él tenga vida eterna.
Sic Deus diléxis mundum, ut Fílium suum
unigénitum daret; omnis qui credit
in eum habet vitam aetérnam
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 14-21
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
"Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el
Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en
él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea
en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo
para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no será
condenado; por el contrario, el que no cree en él ya está condenado, por no
haber creído en el Hijo único de Dios.
El motivo de está condenación está en que la luz vino al mundo, pero los hombres
prefirieron la oscuridad a la luz, porque su conducta era mala. Todo el que
obra mal detesta la luz y la rehúye por medio a que
su conducta quede descubierta. Sin embargo, aquel que actúa conforme a la
verdad, se acerca a la luz, para que se vea que toda su conducta está inspirada
por Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas al Señor, que no desea la muerte del pecador, sino
que se convierta y viva y, pidámosle que tenga misericordia de su pueblo
penitente:
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).
Para que Dios aumente la fe y fortalezca la
voluntad de los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales el
sacramento de la penitencia, y les conceda un verdadero arrepentimiento de sus
culpas, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que el Señor abra la inteligencia y el
corazón de los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de la verdad,
y en la fe encuentren aquel descanso que tanto desea su corazón, roguemos al
Señor.
Señor, ten piedad.
Para que Dios conceda su ayuda a los
enfermos, a los pobres, a los que se sienten tentados y a todos aquellos que
con su sufrimiento participan de la cruz de Cristo, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que todos nosotros perseveremos en el
esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a las fiestas de
Pascua que se acercan, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios bueno y fiel, que nunca dejas de llamar a los que se extravían para que se
conviertan y vuelvan a ti y, en tu Hijo elevado sobre la cruz, nos curas de las
heridas del Maligno; escucha nuestras oraciones y concédenos tu gracia, para
que, renovados en el espíritu, podamos corresponder a los dones de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas
ofrendas para el sacrificio y pedimos tu ayuda para celebrarlo con fe sincera y
ofrecerlo dignamente por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El camino del éxodo en el desierto cuaresmal
En verdad es justo bendecir tu nombre, Padre rico
en misericordia, ahora que, en nuestro camino hacia la luz pascual, seguimos
los pasos de Cristo, maestro y modelo de la humanidad reconciliada en el amor.
Tú abres a
Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros de tu gloria,
proclamamos el canto de tu alabanza:
[Misa]
Antífona
de
Jerusalén es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus del Señor, según la costumbre de Israel a celebrar el nombre del Señor.
Oración
después de
Oremos:
Dios nuestro, luz que alumbra a todo ser humano que viene a este mundo, ilumina
nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que nuestros
pensamientos te sean agradables y te amemos con toda sinceridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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